Aunque es conocida la forma de trabajar de la argentina Juana Molina -detallista al máximo, es capaz de controlar hasta la más mínima nota de una canción tanto en el estudio como en su traslación al directo- han pasado ocho años desde el anterior disco, Halo (2017), aunque en este tiempo transcurrido ha tenido que batallar para hacerse con los derechos artísticos de sus anteriores discos, que, como en el caso de Segundoha sido la primera referencia de su sello discográfico Sonamos previamente remasterizado.
En una entrevista concedida a Tiempo Argentinola que fuera actriz de la conocida comedia Juana y sus hermanascomentarios “A veces me siento una médium entre vaya a saber quién y la música. Siento que las cosas aparecen, aunque las esté tocando yo. Una vez que terminé, y cuando me salgo de todo lo que hice, ahí puedo opinar: ‘esta parte me gusta más que esta, esta es horrible, esta no está muy buena, esta no sé qué es ’Pero en el momento en que lo hago, como que viene y viene” Unas declaraciones que ahondan en esa capacidad que tiene para sumergirse en un plan de trabajo intensivo que, en los últimos años, le ha permitido escribir una gran cantidad de canciones. De todas ellas ha tenido que hacer un labor de selección ardua hasta quedarse con las diez que integran el fascinante perro danés (Sonamos2025) que, ya de entrada, seduce por la primorosa portada a cargo de Verena Algrantien la que vemos a la autora convertida en una perra vista desde perfil, y con los labios pintados de rojo y los ojos cerrados.
Dados Juana que la idea de este disco, o de estas canciones en su totalidad ( incluso las que se han quedado en un cajón), partían de la idea de improvisar. En 2019 estuvo ofreciendo conciertos en pequeño formato junto a Odín Schwartz que bautizaron como el improvisoy ese fue el fogonazo para que la porteña cumpliera con rigor sus extraordinarias sesiones de grabación.
Grabado entre Buenos Aires y Montreal, este disco es la continuación de un legado que se me antoja cada vez más reivindicable. Una autora en constante exploración, que juega con los estilos musicales, y las posibilidades tonales de sus instrumentos. Si escuchamos “indignan en un zorzal” se oye cummbia sobre ambientes psicodelicos; Molina musita, proyecta sonidos casi ininteligibles que son como mantras, y así construye excelsas muestras de krautrock como “uno es árbol” o “la paradoja” con estupendos arreglos de sintetizadores analógicos. La percusión dicta el ritmo de “desinhumano” que se desliza por serpenteantes parajes de neblina motor, ambiente en donde resuenan ecos a jon hassel en “caravanas”, hasta finalizar con la extensa “rina sol”, un portento de composición cuyo latido tanto puede provenir de las amazónicas incursiones en el zumbido y la música ambiente de Bitchin Bajascomo del minimalismo, las excursiones en la música concreta, o incluso así podría sonar unos Kraftwerk en baja fidelidad.
Escucha Juana Molina – DOGA