Tercera crónica desde la Berlinale y, por fin, un título que tener apuntado. Una cinta profunda y delicada con una impresionante Sandra Hüller

Después de varias decepciones en el festival de Berlín llega la película buena, la que más me ha gustado en el festival. Rose, de Markus Schleinzer, es una auténtica brutalidad. Estamos en la Berlinale, un festival que suele moverse en una «zona media cinéfila», sin grandes títulos de estrellas gigantes. Pero de vez en cuando, te encuentras algo que te reconecta con el amor por el cine, y Rose es precisamente eso.
Os confieso que entré a la sala con miedo. En 2011 vi la película Michael, de Schleinzer, en Cannes, una historia sobre un pedófilo que me generó un malestar y una antipatía tremendas; no pude entrar en ese juego macabro. Pero Schleinzer tiene un pedigrí serio: es amigo, colaborador y, sobre todo, el director de casting histórico de Michael Haneke. Ha trabajado en Funny Games, Caché, La Pianista… y ese rigor formal, esa seriedad «hanekiana», se nota muchísimo en su puesta en escena
Sin embargo, donde Michael me expulsó, Rose me ha parecido alucinante. A menos que el año se tuerza mucho (o mejore de forma milagrosa), esta va a ser una de las películas de 2026.
‘Rose’: profunda, mística y delicada
Visualmente es un escándalo. Está rodada en un blanco y negro que tiene el sello 100% de Sven Nykvist, el legendario director de fotografía de Ingmar Bergman. La luz, la composición del plano… recuerda muchísimo a La cinta blanca de Haneke y a la Trilogía del silencio de Bergman. Pero el referente absoluto aquí es Carl Theodor Dreyer. Y cuidado, porque a Dreyer no se le puede imitar ni copiar, a Dreyer solo puedes aspirar a que te ilumine. Rose es profunda, mística y delicada. Al cine austríaco siempre se le critica (con razón) su crueldad, pero aquí Schleinzer consigue algo mágico: los puntos de giro crueles y violentos ocurren en off, con una sutileza que hace que el drama sea devastador sin ser desagradable.
La puesta en escena es increíble, pero lo de su protagonista no tiene nombre. A Sandra Hüller ya la teníamos en un altar por su papel en Toni Erdmann, Anatomía de una caída y La zona de interés, pero aquí ofrece una interpretación histórica. Es una de las mejores actrices europeas que existen ahora mismo, la heredera máxima de Juliette Binoche e Isabelle Huppert.
En resumen, chicos, iba a hablaros de otra peli, pero Rose se ha ganado este espacio por derecho propio. Es una obra medida, cautelosa y emocionante que seguro, segurísimo, veremos en los festivales de cine en España.