
El director terminó haciendo cambios constantes hasta que dijo que sí, haciéndole ganar un Oscar
El poder de Steven Spielberg es tan mayúsculo y magnético que casi resulta impensable que haya quien pueda decirle que no a algo. Aunque pasa, y no de manera poco habitual. Pero uno no se vuelve uno de los mejores cineastas de todos los tiempos simplemente aceptando noes por respuesta a las primeras de cambio.
Sabiendo la importancia que tienen los actores y el casting para terminar de meter al público en la experiencia del cine, cuando tiene el instinto de que alguien es el adecuado para un papel decide ir a por ello. Cuando la tarea es escoger a alguien que de vida a uno de los más importantes políticos de la historia, es importante estar seguro de que se ha encontrado al adecuado.
Correspondencia negativa
Spielberg tenía claro que para hacer Lincoln necesitaba a alguien de categoría mayúscula. Y pocos cumplen con semejante requisito como Daniel Day-Lewis, considerado el mejor actor vivo para muchos y uno de los más celebrados de todos los tiempos. Su trabajo como el presidente de los Estados Unidos sumó a esa increíble reputación, consiguiendo galardones como los Oscars por su interpretación dedicada y sobresaliente.
Aun así, el actor británico tuvo sus dudas de acometer una empresa semejante. Cuando el director le abordó y trató de persuadirlo inicialmente, Day-Lewis se tomó un breve periodo de reflexión para terminar rechazando inicialmente el papel. Dado el profundo interés de Spielberg, el actor decidió que la mejor manera de responderle era con una carta, que decía lo siguiente
Querido Steven. Fue un verdadero placer sentarme a charlar contigo. Escuché con mucha atención lo que tenías que decir sobre esta fascinante historia, y desde entonces he leído el guion y me ha parecido que describe con todo detalle estos acontecimientos monumentales y retrata con compasión a todos los personajes principales, de una forma tan poderosa como conmovedora. No puedo explicar por qué en un momento dado siento la necesidad de explorar una vida en lugar de otra, pero sí sé que sólo puedo hacer este trabajo si siento que no tengo otra opción, que un tema coincide inexplicablemente con una necesidad muy personal y un momento muy específico en el tiempo. En este caso, por muy fascinado que estuviera por Abe, sentía la fascinación de un espectador agradecido que ansiaba ver contada una historia, más que la de un participante. Así es como me siento ahora, a pesar mío, y aunque no puedo estar seguro de que esto no vaya a cambiar, no se me ocurriría animarte a mantenerlo abierto por una mera posibilidad. Espero que esto tenga sentido, Steven. Me alegro de que estés haciendo la película, te deseo fuerzas para ello y te envío mis mejores deseos y mi más sincera gratitud por haberme tenido en cuenta.
Como ya sabemos, la historia no acabó ahí. Spielberg demandó una reescritura del guion para dar con una versión más convincente para Day-Lewis. El actor volvió a rechazarlo, hasta que se dio con una nueva versión que contenía más la historia y permitía explorar a Lincoln en detalles más pequeños que le hacían cobrar vida. Así, tiró adelante una colaboración para la historia.
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