En su tercer trabajo en solitario, Hayley Williams firma un álbum ambicioso, orientado al pop, que recoge el testigo de los últimos discos de Paramore. Muerte del ego en una despedida de soltera (Post Atlantic) habla de desamor, soledad, la sensación de no encajar, relaciones fallidas y la necesidad de borrar el pasado para reinventarse.
Se trata de un elepé ecléctico y variado, en el que Williams desgrana influencias tan dispares como Mensajeros de la ciudad gigantesca, Fénix O Pandilla de sangre. Baladas, medios tiempos y pegadizos himnos pop conviven sin fricciones en un ejercicio de pluralidad sonora. Ella misma toca guitarra, batería, bajo y teclados, reafirmando que además de ser una de las grandes voces de su generación, es también una multiinstrumentista solvente.
Con 18 canciones, el disco oscila entre la tristeza y el optimismo. Producido Por Daniel James (Selena Gome, Demi Lovato, Nicki Minaj), desafía las reglas del streaming con su duración extensa, pero no se hace largo: rock, trip hop, folk, synthpop, indie e incluso shoegaze se funden en un caleidoscopio emocional sin fisuras.
El álbum se publica bajo Post Atlantic, el sello propio de Williamsun movimiento que marca su ruptura definitiva con las estructuras de su antigua discográfica, Atlantic Records, y una apuesta por la independencia . Un gesto en la línea de otros nombres que, de Radioteco a Manzana Fionahan reclamado el control de su catálogo.
El primer adelanto, «Glum», condensa la esencia del álbum: pop melancólico sobre depresión y desconexión emocional, en la línea indie que Paramore ha explorado en los Últimos Años. «¿Alguna vez te sientes tan solo, que podrías implosionar y nadie lo sabría?». Williams brilla en la interpretación vocal, a medio camino entre Gwen Stefani, Debbie Harry Y Natalie Imbrugliaconfirmando por qué se la considera una de las cantantes más poderosas de su generación.
Entre los cortes más sólidos del álbum, «Whim» abre fuego diseccionando relaciones conflictivas. «Love Me Different» vira hacia la luminosidad, un himno a soltar lastres y seguir adelante. La atmósfera se torna cinematográfica en «Dream Girl in Shibuya», casi un guiño directo a Perdido en la traducción y sus karaokes bañados por luces de neón. El pulso se intensifica con «Mirtazapine», donde aflora la dependencia química, y con «Disappearing Man», que funciona como catarsis tras la ruptura. «Negative Self Talk» suaviza las aristas con un tono vaporoso, cercano al dream pop. El broche lo pone «Ego Death at a Bachelorette Party», homónimo y arriesgado, que combina piano y base trip hop en un imaginario deliberadamente decadente —«I’ll be the biggest star at this fucking karaoke bar, no use shootin’ for the moon, no use chasing waterfalls»—, donde Williams consigue destacar incluso en el escenario más sombrío.
El segundo sencillo, «Parachute», es un grito de afirmación y esperanza, con un inesperado estallido guitarrero al final. «Watch me fall through the sky, watch me fly»… Un cierre arriesgado: no suele ser habitual relegar el single a las últimas posiciones del tracklist. En cambio, la apertura llega con «Ice in My OJ», feroz crítica a sus antiguos jefes de Atlantic Records: veinte años de contrato tirados a la basura, aunque sin rencor explícito.
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