
EL veterano actor comenzó su carrera hace 50 años como figurante y muchas estrecheces económicas
A sus 70 años y con una carrera de más de 50 años a sus espaldas, Imanol Arias es uno de los actores españoles más populares. Su dilatada trayectoria en teatro, cine y televisión, comenzó a mediados de los 70, cuando, ya convencido de que lo suyo eran las artes escénicas, dejó los estudios y se marchó de Ermua a Madrid para buscar suerte.
Su intención era matricularse en la Escuela de Arte Dramático, pero sus estrecheces económicas no lo permitían, y, de hecho, con sus primeros trabajos como figurante en el Teatro de la Zarzuela apenas ganaba para mantenerse en la capital. Sobre la etapa más precaria de su vida ha hablado en varias ocasiones, llegando a contar que en alguna que otra ocasión tuvo que dormir en el metro.
«La Zarzuela terminó el 30 de mayo y venían quince días durísimos en los que tenía que dejar la pensión (aunque podía dejar ahí las cosas) y tirarme a la calle», recordaba en una reciente entrevista con Esquire el pasado mes de marzo. «A veces nos acogían amigos pero otras no había nada. Y entonces lo mejor era hablar con el sereno y dormir en la puerta del metro de Ópera: cerraban la verja y era calentito y seguro. A las seis, el sereno abría, yo subía a la escuela, me duchaba allí y tiraba hasta poder volver a casa. Por eso digo lo de ‘dormir en el metro’: serían, como mucho, ocho noches intercaladas».
«Mi padre ni siquiera aceptaba que yo estuviera en Madrid para ser actor: para él yo había ido a estudiar peritaje e ingeniería (como si en Bilbao no pudiese). Y solo me puso una cláusula: si regresaba en verano, nunca antes de las vacaciones escolares», contaba sobre sus primeros días en Madrid. Al principio empezó a hacer trabajos sueltos que le iban dando algo de dinero, pero luego se le presentó la oportunidad de la figuración. En ese momento en La Zarzuela los figurantes eran un grupo de estudiantes de Derecho que no eran lo suficientemente serios y allí se presentó Imanol con sus amigos para ofrecer un mejor servicio.
Con ese dinero me mantenía: pensión, un paquete de Ducados, comida del mediodía y por la noche un bocadillo con agua, con el pan recién hecho hinchándote la tripa
Cómo iba a imaginar entonces que su popularidad se acabaría disparando y solo una década después sería uno de los actores más solicitados en la década de los 80.
Acabó trabajando a las órdenes de Almodóvar en Laberinto de pasiones, ganó popularidad con la serie Anillos de Oro, se consagró con El Lute (camina o revienta) y su secuela -por la que obtuvo sus primeras nominaciones al Goya, que hasta la fecha no ha ganado nunca-, y volvió a encontrar el éxito televisivo en Brigada Central. Ahora, es reconocible casi por cualquier generación gracias a su papel más icónico: el de Antonio Alcántara en Cuéntame cómo pasó.
Al final, ese padre al que al principio tuvo que ocultar su vocación, acabó cambiando el chip al darse cuenta de que su hijo podía ganarse la vida sobre el escenario: «El motivo decisivo fue el económico: cuando vieron que ganaba 5.000 pesetas al día y podía pagarme una buhardilla en El Rastro, con cocinita y baño, mi padre cambió de chip: ‘Vale, vas a ser actor. Ahora hay que ahorrar, hijo, hay que hacer un plan’. Y hasta me quería dar clases de economía, porque veía que yo vivía como podía y, cuando me iba bien, me lo gastaba comiendo bien por ahí».
«Años más tarde, cuando ya era famoso gracias a la televisión, mi padre (que siempre fue Manuel), empezó a presentarse como ‘Imanol Arias, el padre’. […] Conseguía reuniones y vendía. Hasta me pidió fotos para las secretaria», recordaba el actor divertido.
Desde entonces, no ha parado: la última vez que le vimos fue en la serie Innato de Netflix, estrenada en la última semana de 2025.