‘El drama’ no es perfecta, pero es tan cercana a las complejidades de la vida misma que sí es casi perfecta.
Hay preguntas que son fáciles de responder. Hay otras a las que cuesta un poco encontrar la respuesta, pero en algún sitio está. Y hay, sin embargo, otras que son imposibles. La de El drama es de esas, de las inalcanzables.
La película –29 de mayo en cines- protagonizada por Robert Pattinson y Zendaya plantea un escenario en el que no hay conclusión clara y en el que, si la hay, la resolución está enterrada en algún lugar remoto totalmente alejado de la unanimidad y del acuerdo. Y eso es lo mejor de esta propuesta del director Kristoffer Borgli: es una historia con un debate eterno, mutable en el tiempo y, en consecuencia, atemporal. Es una incógnita sin respuesta concreta por lo personal que es: ¿Cuál es tu límite en esto que llaman amor? El drama es de esas películas que se arrastran contigo fuera del cine y se te quedan pegadas durante una temporada, como la costra de una herida. No vas a parar de debatir sobre ella.
Esta es la historia de Emma y Charlie, una pareja que está preparando su inminente boda. Los dos, unos divertidos, increíbles, carismáticos y geniales Zendaya y Pattinson, descubren una noche de borrachera que no se conocen tanto como creían. Con demasiadas copas de vino encima, Emma confiesa lo peor que ha hecho en su vida. Es parte de un juego, el que inician sus amigos Rachel -una maravillosa a la par que insoportable Alana Haim– y Mike, también pareja, que se echaron una partidita como esa antes de pasar por el altar.
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Cuando todos cuentan sus maldades, Emma suelta la suya y, bueno, lo que sale por su boca hace que las de los demás caigan en el olvido instantáneo. Lo que hizo es algo que no vamos a desvelar por aquí, pero que juega en una liga desafortunadamente habitual en Estados Unidos. Lo de Emma, esto es importante, solo quedó en intención, nunca en ejecución. Fue la idea de una cría con unos padres ausentes, que sufría ‘bullying’ en el instituto y que solo quería lo que queremos todos: pertenecer a algo o alguien.
El eterno debate
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Lo importante, en realidad, no es lo que Emma planeaba hacer, sino cómo Charlie se enfrenta a casarse con una persona de la que ha descubierto que no conoce del todo. También en cómo a Emma le toca convivir con las reacciones y los juicios de los que saben su secreto. A partir de esa noche, la de la confesión, todo se convierte en lo que promete el título de la película.
El drama es divertida, provocadora y perversa. Juega a hacerte cosquillas para que te rías de cosas que no deberían hacerte mucha gracia. Es un estudio de la hipocresía humana, de una era en la que todo el mundo opina pero realmente nadie tiene razón y de creerse mejor que los demás. Pero también es un filme que sin Pattinson y Zendaya haciendo alarde de su magia, en conjunto y por separado, no habría brillado tanto. Aunque Borgli es inteligente en su juego, El drama se queda un poco aletargada en su planteamiento, sin profundizar demasiado, habitando un intermedio que, en ocasiones, no arranca ni para avanzar ni para retroceder.
El resultado de lo que hace Borgli es un relato complejo y cruel. Complejo porque su debate es como un fractal infinito y cruel porque te obliga a ser un personaje más y retorcerte con cada una de tus conclusiones y decisiones. Todo ello con una edición que no da pie a reposar lo que ocurre en la pantalla, que juega con el pasado y el presente, con el recuerdo y el futurible, con la imaginación y con eso del sobrepensar. El drama no es perfecta, pero es tan cercana a las complejidades de la vida misma que sí es casi perfecta.