Kane Parsons lleva años dándole vueltas a las backrooms y a qué son en realidad, pero lo cierto es que no lo parece tener claro del todo, porque la película de terror se contradice a sí misma en su tramo final
Quizá el mayor éxito de Backrooms es crear un concepto complejo y explicarlo de manera muy simple: un complejo gigantesco de habitaciones que se esconde tras algunas paredes y en el que perderse te hace formar parte del mismo, en un espacio liminal. Kane Parsons ha sabido explotar el creepypasta hasta el extremo y ha conseguido lo imposible: que todo el mundo, aunque nunca haya oído hablar antes de las backrooms las comprenda, adopte y se fascine.
Ojo: aunque parezca obvio, ¡hay spoilers de Backrooms!
Una puerta al otro mundo
Sin embargo, Parsons, queriendo definir a la perfección las reglas de su propio universo, cae en un error de bulto del que es difícil no darse cuenta cuando lo piensas. Se trata de un momento en el que Clark, el protagonista, explica que los habitantes de las backrooms no tienen sentimientos, pensamientos, dolor o miedo, y para probarlo, acuchilla a una de ellas sin reacción alguna por su parte, en pleno descenso a la locura. Sin embargo, pocos minutos después cae en una contradicción.
Porque, cuando aparece el pirata, la misma mujer entra en pánico y se esconde, algo cuando poco extraño para un personaje que no siente miedo. Sí, la película trata de mostrarnos que la criatura da tanto terror que incluso personajes inertes huyen aterrados, pero no es lo que se nos ha explicado cinco minutos antes y, si esto es posible, Parsons debería haberle dado una vuelta más.
A24
Eso no quita que Backrooms entienda muy bien sus reglas internas. No solo en la película, sino también en todos los cortos que puedes ver antes de la misma y que subrayan las ideas básicas de la misma, ampliando, sobre todo, lo que sabemos sobre las empresas que lo descubren. Con casi 300 millones de dólares a sus espaldas, lo difícil va a ser que en A24 no hagan lo imposible porque volvamos pronto a meternos en las backrooms.