
La película de animación stop-motion nominada al Oscar es agridulce, triste y hermosa
El director y guionista australiano Adam Elliot, considerado una de las voces más singulares del cine de stop-motion, ha consolidado una carrera breve pero muy reconocida. Tras debutar con Mary and Max, el director ha estrenado únicamente un corto más y su segunda película 20 años después de su prime filme: Memorias de un caracol.
La película fue nominada al Oscar y se ambienta en la Australia de la década de 1970. La historia sigue a Grace Pudel, una joven marginada que encuentra refugio en los libros, las cobayas y, sobre todo, en su pasión por coleccionar caracoles.
Su hermano Gilbert, también rechazado por quienes le rodean, es su único apoyo hasta que la muerte de su padre, alcohólico y tetrapléjico, provoca que los servicios sociales separen a los dos hermanos, cambiando para siempre el rumbo de sus vidas.
Grace termina viviendo con una pareja nudista, mientras que Gilbert es enviado con una familia de fanáticos religiosos. Desde ese momento, ambos afrontan una sucesión de desgracias que pone a prueba su capacidad de resistir.
Con su característico humor seco y una puesta en escena de apariencia delicada, Elliot construye una historia profundamente melancólica que combina tragedia y ternura. La película invita al espectador a reflexionar sobre el peso del pasado, las heridas emocionales y la influencia que el entorno ejerce sobre las personas.
A lo largo de la historia pasan temas como la enfermedad, la muerte, la soledad, la pérdida, las adicciones, la intolerancia, el fundamentalismo religioso, la homofobia y la hipocresía. Lejos de recurrir al sentimentalismo fácil, la película plantea conflictos desde una mirada íntima y humana.
Puedes disfrutar de Memorias de un caracol en Movistar Plus.