‘Posesión infernal: en llamas’ demuestra que el terror sigue siendo el género donde están pasando las cosas más interesantes a nivel cinematográfico

Estamos ante el que probablemente es el estreno más brutal del año. La nueva entrega de la saga Posesión infernal, Posesión infernal: en llamas, es una película muy animal y si no os va este rollo no os metáis porque es más bestia que la Posesión infernal: el despertar de Lee Cronin. Pero demuestra que el terror sigue siendo el género donde están pasando las cosas más interesantes a nivel cinematográfico.
Un breve resumen de la saga de Sam Raimi
Hagamos un poco de memoria. Saga Evil Dead. Posesión infernal. Sam Raimi con sus colegas, con Bruce Campbell, con el productor Rob Tapert. Unos chavales que, cuando están estudiando cine en Los Ángeles, se ponen a hacer una peli de terror con sus amigos y todo el equipo. Estuvieron meses rodando realmente la primera película y se gastaron unos 300.000 dólares. Luego la peli hizo 30 millones en taquilla cuando se estrenó, y en gran parte fue gracias a que Stephen King, que era un ultra fan, la defendió a capa y espada y la gente empezó a ir a verla.
Gracias a aquello pudieron hacer la segunda, Terroríficamente muerto, ya con más presupuesto. Y mirad, me parece el peliculón absoluto de la saga. Luego llegaría una tercera entrega en el 92, El ejército de las tinieblas, con ese triple salto mortal increíble para hacer una de las trilogías que más molan del cine, y ya en el nuevo siglo la simpaticota serie Ash vs Evil Dead recuperando a Bruce Campbell.
Lo verdaderamente interesante es cómo llega el nuevo siglo y Fede Álvarez hace un remake -o ‘reboot’- serio. Los rasgos originales de Evil Dead mezclaban claramente el terror con un cachondeo puro de forma tremendamente lúdica y desenfrenada, con los movimientos de cámara loquísimos de Raimi. Sin embargo, las pelis del nuevo siglo se ponen serias, se ponen terroríficas y sin comedia. Son tan brutas, tan bestias y tan hardcore en imagen y gore, explorando todo el engranaje del body horror de las posesiones y las heridas, que la risa te llega para salvarte un poco la vida. Si no te ríes para escapar de ahí, ¿cómo vas a soportarlo? Se pasan tres pueblos.
Vaniček llega y le da su propio toque a la franquicia
Esto está configurando la saga para este nuevo siglo: cada peli la hace un director distinto, cada uno le da un tono distinto y cada uno es más bestia que el anterior. Ahora llega Sébastien Vaniček, un director francés parisino nacido en 1989. Vaniček solo tenía un largometraje anterior de 2023, Vermin: la plaga, una peli de terror de arañas muy potente que funciona maravillosamente bien, salvo que te den miedo las arañas, en cuyo caso lo pasarás fatal. Vaniček llega y le da su propio toque a la franquicia con una película que es plenamente personal, casi autoral. Mientras la veía, sentía que es la más bestia de todas las pelis de Evil Dead y me recordaba irremediablemente al nuevo terror extremo francés de principios de siglo, a películas como Alta Tensión de Alexandre Aja o Martyrs.
El argumento vuelve a apostar por el terror doméstico con una familia en una casa, pero las injerencias al cuerpo y los asesinatos son tan desagradables que necesitas estómago para soportarlo. Muchos críticos americanos le han dado caña diciendo que es «gore gratuito». Yo no lo creo. Creo que el objetivo de Vaniček es precisamente ese gore, decir: «¿Cuál es el límite al que puedo llegar? Pues me lo paso», para demostrar que está jugando de lleno en el terreno de la violencia.
La dirección me parece interesantísima. Hay muchísimos cortes, mucha cámara en mano que no para, buscando una especie de realismo cinematográfico. Que la puesta en escena sea realista busca impactarte aún más, dejándote sin salidas antes de que lleguen las barbaridades. Además, Vaniček cambia el lore de la saga, ocurre algo que no había visto nunca en la saga: los poseídos ahora son muy racionales. Hablan, se comunican perfectamente con los vivos y tienen objetivos claros que explican. Ya no son como en las antiguas que llegaban doblando una cabeza en plan locura para poseer a todos sin más.
La película tiene uno de los grandes males del cine contemporáneo: varios finales y un metraje demasiado largo. A mí me cansa. ¿No os cansa a vosotros que la peli ya se acabó y dicen «No, espera, que sigue otra media hora para sacar a este personaje»?. Si le cortas esa duración, la película te queda mucho mejor empacada, más bonita.