La propuesta autobiográfica de Leah Nelson está contada con buen ritmo, honestidad, comicidad e inteligencia

Por Andrea Zamora
Fue en una consulta médica cuando el mundo de Sarah quedó arrasado por un tsunami. La palabra que provocó el torrente de agua fue «alzhéimer». La paciente, su madre. El diagnóstico cambió para siempre el presente, pasado y futuro de Sarah. Y los de su padre. Y los de su hermana. Y los de sus tías. Su madre, Midge, enseñó a la heroína de esta historia, cuando era una niña, cómo pelear contra los monstruos. Ahora es ella la que necesita que alguien lo haga por ella.
El mundo de Sarah quedó ahogado de forma figurada, claro. El lenguaje verbal, aunque un milagro de la humanidad, es imperfecto como todo lo perfecto. Hay sensaciones, emociones y reacciones tan grandes para las que no abarcan ni existen palabras. En esos casos hay que tirar de metáforas. No queda otra. A Leah Nelson la que mejor le sirvió para representar ese momento fue eso: una catarata inundando y separando bajo el agua a toda su familia. Sirve porque Nelson conoce lo que es y lo que fue escuchar «alzhéimer» en una consulta médica. Lo sabe porque ella es Sarah. Lo sabe porque ella es la directora de Tangles, una película de animación que, jugando en una liga parecida al milagro que es Yo no moriré de amor (2026) de Marta Matute, narra, desde la perspectiva de una joven mujer, cómo la enfermedad de su madre afectó a su familia.
Tangles es una preciosa historia autobiográfica contada con buen ritmo, honestidad, comicidad e inteligencia. La historia de Sarah es la de una joven que dejó su pueblo para irse a vivir a San Francisco, donde se gana la vida como recepcionista en una revista LGTBIQ+ para la que también hace ilustraciones. En una de las pocas visitas que hace a su casa, descubre que su madre está comportándose de forma errática. Parecen despistes, pero activan una alerta en ella. A Midge se le olvida desenchufar la plancha, por ejemplo, y encima está bastante arisca y a la defensiva. La culpa es de la menopausia, dicen. La culpa, en realidad, es del alzhéimer, esa enfermedad que tiene algo de magia negra, de borrar recuerdos, de destruir lo que hacía a una persona ser esa persona.
Point Grey Pictures / Monarch Media / LYLAS PICTURES / Giant Ant Films
Sarah tendrá entonces que convertirse en cuidadora y hacer malabares con su vida en San Francisco, lo que se traduce en una relación con una novia que no puede avanzar y un nubarrón de tristeza que ha monopolizado su cabeza y su arte. También se traduce, más adelante, en una decisión y un cambio vital: quedarse en casa junto a su madre porque no quiere perderse la última vez que la reconozca, que la mire y sepa que es su hija. Sarah no quiere perderse el momento en el que su mundo dejará de tener sentido.
Tangles es una belleza de la animación que no se ahoga en su tragedia y que sabe, de forma muy fina, cómo jugar entre la comedia y el drama. Provoca risas y provoca llanto por su sinceridad y entrañabilidad. Tangles, aunque contada en blanco y negro, está llena de colores. Ni todas las penas están faltas de alegría, ni todas las alegrías están faltas de penas. En fin, la vida misma.