
Sacar adelante una carrera implica a veces decir que sí ante preguntas sobre si dispones de ciertas habilidades para hacer un trabajo, convencido de que podrás aprenderlas sobre la marcha sin que llegue la sangre al río. Con los actores de cine se puede ver a veces intentando decorar su propio currículum sobre la capacidad para hacer determinados acentos o incluso montar a caballo.
A veces simplemente la película demanda determinados actos que tienen que aprenderse sí o sí. Para Alan Cumming fue una enorme presión ya de por sí tener un papel secundario en una saga tan importante como la de James Bond, especialmente en el inicio de una nueva etapa como fue GoldenEye, pero tuvo que sumarle un reto adicional.
Malabares imposibles
Parte de la historia de la película gira en torno a un bolígrafo especial con capacidad explosiva, cuya activación o desactivación dependía de hacer determinados giros y luego apretar su botón. Una habilidad de malabarista que Cumming no poseía y que tuvo que practicar de manera seria antes de empezar el rodaje.
”Intenté hacerlo, practiqué. No le cogí el tranquillo” explicó el actor en una charla con Vanity Fair repasando su carrera. “Recuerdo que le dije a mi amiga Dixie: ‘¿Podrías echarle un vistazo al guion y ver si… podría hacer otra cosa’. Y ella lo leyó y me dijo: ‘Alan, es el eje central de toda la trama de la película. Tienes que aprender a hacerlo’”. Finalmente recurrió a su amigo actor Jason Isaacs, que había sido mago profesional y era habilidoso en trucos con las manos, y le ayudó a cogerle el truco.
Pero la cosa se le complicó de más. En el rodaje de GoldenEye le dieron un bolígrafo James Parker que era específico para dicha película, y su estilo y diámetro era distinto a lo que había practicado. Cuando intentó emplear su rutina sólo conseguía que se le cayese, para desolación de todo el equipo de rodaje que iba a tener que esperar a que hiciese bien la coreografía. “Pensé que me iba a dar un infarto” recordó Cumming, que tuvo que aprender in situ a hacer los giros con este nuevo instrumento. Por eso, cuando ve la escena, no puede evitar decir “ese puto bolígrafo”.