Si eres de los que se refugia en las series de tu infancia para calmar el estrés, dos cosas: no eres el único y lo estás haciendo bien

Si estás en esa edad en la que te consideras adulto, probablemente te hayas dado cuenta de que tu realidad tiene poco que ver con la que tenían otras generaciones a tu misma edad. Y ya no hablamos del tema de ‘casa, trabajo, hijos’ sino de tu tipo de aficiones y tu relación con ellas. Se nota mucho, por ejemplo, en los gustos audiovisuales. Mientras nuestros padres iban ocasionalmente al cine y veían lo que echaran en la tele, los que ya tenemos 30 o 40 hemos desarrollado una relación más especial con lo que vemos.
Utilizamos las películas y series para entretenernos, pero no solo eso. Forman parte de nuestra identidad, de las charlas con nuestros amigos y hasta nos sirven de antidepresivos. Y si no que se lo digan al éxito reciente -al menos de crítica- de He-Man y los Masters del universo. Quien ha ido a ver la película por pura nostalgia ha salido del cine encantado con la vida.
Si eres de los que se refugia en las series de tu infancia para calmar el estrés, dos cosas: no eres el único y lo estás haciendo bien. Eso es, al menos, lo que dicen los psicólogos, quienes aseguran que sirven como una especia de analgésico para tratar la depresión y/o la ansiedad.
Volver a ver las series de nuestra infancia nos da control
En 2017, una editora de Vice se dio cuenta de que en su periodo de depresión más profunda se refugió en la serie de Nickelodeon Los pingüinos de Madagascar, así que decidió investigar un poco. El Dr. David Rosmarin, fundador y director del Centro para la ansiedad de Nueva York, aseguró que era es una estrategia habitual, pero que tenía que ver con la «activación conductual» por la que tratan a los pacientes animándoles a aumentar sus actividades placenteras. «Ver la televisión puede ser una actividad placentera. Ver algo gracioso puede animarte«, dijo Rosmarin, «No creo que tenga que ser necesariamente dibujos animados o programas infantiles. Puedes ir a un programa de comedia, ver comedias románticas o The Office».
Pero la Dra. Laurel Steinberg, psicoterapeuta radicada en Nueva York, sí ve una relación directa entre dibujos animados y bienestar.
Los dibujos animados infantiles pueden ser una terapia de apoyo porque incorporan temas como el orden comunitario, la amistad, la familia, el trabajo en equipo, la idea de que el bien siempre triunfa sobre el mal y que el sol siempre volverá a salir
A esto hay que añadir un nuevo factor: la nostalgia. En el artículo Still Preoccupied with 1995: The Need to Belong and Preference for Nostalgic Products Get access Arrow publicado en 2010, los investigadores se centraron en analizar cómo, cuando las personas experimentan inestabilidad emocional, aislamiento o exclusión social (amenazas al ego), se activa de inmediato el deseo de consumir productos nostálgicos. Este consumo actúa como un colchón social (social cushion) que ayuda a restablecer el equilibrio emocional y saciar la necesidad humana de pertenencia.
Unos años después, en 2012, apareció otro artículo –The Temporal and Focal Dynamics of Volitional Reconsumption: A Phenomenological Investigation of Why We Watch Movies, Read Books, and Listen to Music Again and Again– que planteaba cómo el «reconsumo» voluntario de experiencias pasadas no es un simple acto de añoranza, sino una herramienta psicológica. Los autores explican que reconsumir contenidos u objetos de nuestro pasado aporta predictibilidad y control, funcionando como un bálsamo terapéutico para regular las emociones, recuperar el equilibrio mental y mitigar la ansiedad ante periodos de inestabilidad o estrés.