Un gustoso regreso a los orígenes de la saga y una aventura de relevos en la que los personajes veteranos se quedan en segundo plano para dejar paso a una nueva protagonista
La inmortalidad sería más fácil si no hubiera sentimientos de por medio. El Doctor de Doctor Who llegó a verbalizar que estaba harto de tantas regeneraciones para seguir salvando al universo mientras veía como la gente que quería moría. El vampiro Louis de Pointe du Lac de Anne Rice tiene que luchar constantemente contra la culpa por matar para sobrevivir. En esto de la eternidad, al final, el problema es la vocación, el tener que seguir adelante cueste lo que cueste. Hay algo, lo que sea, que tira de ellos. Rendirse existe, pero cuesta y para muchos no es una opción. Los juguetes de Toy Story, al final, también se las ven con lo mismo que un científico loco que viaja por el tiempo y el espacio y que un ser que se alimenta de sangre. Viven eternamente, pasan de niño en niño y tienen que crear vínculos nuevos mientras todavía no han superado los pasados. Jessie, la vaquera de Pixar, tiene que lidiar con eso en Toy Story 5.
Toy Story 5 es un gustoso regreso a los orígenes de la saga y una aventura de relevos en la que los personajes veteranos se quedan en segundo plano para dejar paso a una nueva protagonista. Lo último de la franquicia, además, es un relato que hace de espejo de nuestro mundo en estos momentos, lo que la convierte en una historia que sí merece ser contada y con la que Pixar ha sabido amoldarse a lo que toca ahora, eso de hablar de cómo el mundo está cambiando con la inteligencia artificial, eso de cómo lo viejo tiene que acomodarse con lo nuevo. Siendo claros: Toy Story 5 es una de las mejores películas de Pixar.
En esta nueva aventura, Jessie es la nueva ‘sheriff’ del cuarto de Bonnie, un cargo que ostenta desde que Woody decidió cambiar de rumbo en Toy Story 4 (2019) y salvar a los juguetes perdidos. Como líder, una de las misiones de Jessie es que Bonnie haga amigos reales y eso es algo que no está saliendo demasiado bien. Los padres de la pequeña, afectados también por la situación, se dejan llevar por un anuncio que promete compañeros de juegos a golpe de tablet. Lilypad llega entonces al cuarto de Bonnie y la posee. La pequeña deja de un lado la imaginación para pasarse horas pegada a la pantalla. ¿Consigue hacer amigas? Digamos que lo que ocurre de forma virtual no se corresponde luego con la realidad.
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Esta situación supera a Jessie, que pide ayuda a Woody. El tiempo ha pasado y al vaquero, que le ha dado por ponerse un poncho, le clarea la coronilla y la barriga le sobresale por encima del cinturón. Woody, sin embargo, tiene algo que los demás no: experiencia. Lo que le pasa a Jessie no es más que un eco de lo que le ocurrió a él hace 30 años cuando Buzz Lightyear llegó a la habitación de Andy.
Lo que sí viene de nuevas a todos, veteranos y jóvenes, es que el mundo ha cambiado. La tecnología lo ha invadido todo, la vida de los niños incluida. Aquí surge la gran pregunta: qué razón de existir tienen Jessie y compañía en un universo en el que parece que las pantallas han matado la imaginación. De eso es de lo que va esta película y, en su exploración, Toy Story 5 hila muy fino. Siendo divertida y emocionante, no se restringe a los extremos, sino que va al detalle para mostrar un abanico de puntos de vista que, en un debate como este, se pueden volver invisibles.
Lo que Toy Story 5 pone delante de las narices de forma magistral es que la tecnología, aunque tecnología, también puede quedarse obsoleta. Pero también que lo viejo puede convivir con lo nuevo o incluso fusionarse. La propuesta de Pixar es conciliadora, amable y amistosa, es un canto al formar equipo y compartir habilidades.
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Para llegar a una respuesta, Toy Story 5 profundiza en el pasado de Jessie, dotando a la vaquera de un trasfondo que la humaniza todavía más. Era arriesgado, pero cambiar al protagonista es una cosa que les ha salido muy bien. Es, también, una decisión que se refleja en la propia trama: lo viejo deja paso a lo nuevo, pero sin desaparecer del todo. Si seguimos estirando, la idea se vuelve una alegoría de la existencia de la propia película. Una quinta entrega sonaba a innecesario, pero Pixar, reinventando, demuestra que sí hacía falta, que Toy Story puede seguir viviendo hablando del presente sin olvidarse de su pasado.
Toy Story 5 es una joya de la saga. Pixar lo ha vuelto a conseguir. Puede que, al final, la inmortalidad no esté tan mal.