El actor, dramaturgo, guionista y director es una de las grandes figuras de la historia de nuestro país

Fernando Fernán Gómez fue y siempre será uno de los grandes genios de nuestra cultura. No solo por ser uno de los mejores actores de su generación, sino por poseer una mente brillante que le llevó a escribir guiones, dirigir películas y firmar libros que aún recordamos. El tiempo amarillo, sus memorias publicadas en 1990, son una de las obras testimoniales más lúcidas sobre la Guerra Civil y el franquismo.
Obrerista, católico, fascista y anarquista
Al recordar su juventud durante los convulsos años de la Guerra Civil y la posguerra, Fernando Fernán Gómez explica que fue «de todo». Él vivía en un barrio humilde de Madrid (la calle Álvarez de Castro) y se rodeaba de hijos de obreros que pasaban muchas dificultades. Al ver sus realidades, simpatizaba plenamente con su lucha: «Me sentía obrerista, revolucionario, porque tenían toda la razón». Eso sí, cabe matizar que, aunque vivía en un vecindario obrero con estrecheces económicamente duras, era hijo de la actriz Carola Fernán Gómez y fue criado en un ambiente bohemio, lejos de la realidad de sus vecinos.
Esto contrastaba con sus estudios. Acudía a un colegio de los Hermanos Maristas y formaba parte de la Juventud de Acción Católica. Se definía como «católico, muy católico» debido a la intensa crisis espiritual de la adolescencia. Siendo un niño, adoptó el fascismo, que era lo que le venía de los profesores de su colegio.
Fascista, porque en el Colegio de los Hermanos Maristas, a los niños nos hacían una gran propaganda fascista, porque casi todos aquellos seis o siete frailes, que nos daban clase en todo, eran fascistas, porque les parecía muy bien a ellos esta ideología
Al estallar la Guerra Civil y presenciar «tantísimas tropelías» en el Madrid republicano, pasó a sentirse como «no un señor de orden, sino un muchacho de orden» al que la violencia le parecía una barbaridad. Pasó todo el conflicto en Madrid con su madre y su abuela, escuchando Radio Nacional a escondidas. Pero una vez terminó el conflicto, viendo el «furor de la represalia» llevado a cabo por el bando franquista vencedor, Fernán Gómez sintió un rechazo absoluto que lo marcó para siempre: «Inmediatamente, me sentí no ya socialista, sino anarquista».
Durante toda la guerra. Yo la pasé en el Madrid rojo, pero pendiente, con mi madre, con mi abuela y con los amigos de hoy… la Radio Nacional. En cuanto acabó la guerra, era una cosa tan evidente el furor de la represalia, que, inmediatamente, me sentí no ya socialista, sino anarquista. Entonces, yo creo que pase en aquella etapa, por todas las ideas políticas que se pueden tener
Más que ser un militante anarquista, el dramaturgo lo adoptó como una filosofía moral frente al autoritarismo. Habiendo crecido en este contexto, Fernán Gómez adoptó una mirada crítica que le acompañó durante toda su vida.