
El actor fue tajante a la hora de describir la película: «No tiene un enfoque claro ni definido. No trata sobre nada concreto que se pueda entender realmente»
Por Alicia P. Ferreirós
A lo largo de sus más de 40 años de carrera Tom Hanks se ha ganado con talento, versatilidad y esfuerzo el ser uno de los actores con mejor reputación de Hollywood, así como de los más carismáticos. Fue en el año 1993, hace más de 30 años, cuando, tras unos primeros años de carrera más centrados en papeles de comedia, Hanks demostró con su papel protagonista en Philadelphia que tenía mucho más que ofrecer. Por aquella película ganó el Oscar a Mejor actor y terminó de consagrarse al año siguiente con Forrest Gump, por la que también lo ganó.
Tras ellas, llegarían otras como Salvar al soldado Ryan, Náufrago, Camino a la perdición, Capitán Phillips o Atrápame si puedes, entre un largo etcétera.
Sin embargo, en la carrera de Hanks, como en la de cualquier actor, también hay fracasos. Tropiezos que, con el tiempo, él mismo ha reconocido que no fueron un buen trabajo.
Una de esas películas es la prácticamente olvidada El hombre con un zapato rojo de 1985, que Tom Hanks estrenó en 1985, una época en la que estrenó varias comedias de éxito. Sin embargo, esta no fue tan bien recibida como 1, 2, 3… Splash, Esta casa es una ruina o Socios y sabuesos.
En esta comedia dirigida por Stan Dragoti, Hanks interpreta a Richard Harlan Drew, quien se convierte en objetivo de la CIA tras ser confundido erróneamente con un espía. A la larga, la película no convenció a casi nadie: con una recaudación en taquilla de unos 8,6 millones de dólares, El hombre con el estuche de violín apenas logró recuperar la mitad de sus costes de producción y la acogida de la crítica especializada también fue mayoritariamente negativa.
El propio Tom Hanks tampoco guarda buen recuerdo de la película. En una entrevista con Playboy, el actor la recordaba así:
No es una película muy buena. No tiene un enfoque claro ni definido. No trata sobre nada concreto que se pueda entender realmente. No recaudó absolutamente nada de dinero
«Cuando tienes un éxito, recibes muchísima atención. Splash recaudó ochenta millones de dólares y Despedida de soltero cuarenta millones. Piensas: ‘Ah, ya sé cómo va esto’. Pero, tras dos películas, ni siquiera has empezado a entender nada, aunque sí puedes volverte arrogante y perezoso», reflexionaba sobre la importancia de tener los pies en la tierra. «No me hice actor para crear un culto a la personalidad ni para ejercer poder sobre la gente. Me dediqué a esto porque es divertido, porque es una forma estupenda de ganarse la vida. Eso es lo que realmente determina mi reacción ante todo esto. Pero recibes toda esa atención… y tu cabeza puede jugarte malas pasadas de lo más extrañas. A estas alturas, creo que entiendo bastante bien cómo funciona esto. Ya libré mis batallas hace mucho tiempo».