Una historia oscura de una belleza visual contradictoria, pero con demasiadas metáforas que terminan recargando un relato cuyo verdadero interés está precisamente en lo íntimo y lo pequeño

Por Andrea Zamora
Hubo una vez un pueblo maldito en Alemania en el que las mujeres viudas se casaban con sus maridos muertos y guardaban su corazón en un bote. Allí, donde vivió la novia más triste del mundo, un profesor enseñó a los niños a hacer nudos de horcas y luego quiso arrancarse la lengua con los dientes. A la lavandería del lugar, las sábanas llegaban con más manchas de sangre fresca cada día que pasaba y el lago se llenó de cadáveres a los que era imposible poner nombre. Hubo una vez un pueblo al que se acercaba una gran guerra que provocó una oleada de suicidios cuando uno de sus bandos estaba a punto de perderla. Fue el régimen nazi el que pidió a sus seguidores sacrificarse por el Führer. No había que dejar nada vivo al alcance de los enemigos. Algunos les hicieron caso, pero otros no. Krux de Tony Vahl es una muestra de que la guerra pasa en el frente, pero también lejos de él.
Inspirada en hechos reales, los ocurridos en Alemania al final de la II Guerra Mundial, Krux es una historia oscura de una belleza visual contradictoria. En un pueblo sin nombre, los únicos hombres que quedan son el alcalde, el profesor y un anciano que trabaja el ganado. Las mujeres siguen con sus vidas y crían a sus hijos mientras sus maridos pelean y mueren en el frente. El alcalde está dispuesto a llevar a cabo la petición nazi y reparte píldoras de veneno a sus habitantes. Algunos optan por otros métodos. Los niños siguen yendo a la escuela, pero qué sentido tiene aprender algo nuevo para el futuro si no van a tener nada de eso.
Krux consigue capturar la desesperación, la apatía y el miedo con sus personajes, pero también con sus preciosas imágenes. Hay romance en lo que vemos, pero una tremenda tristeza y perturbación en lo que se nos está contando. Vahl juega constantemente con las rimas y las metáforas visuales, pero termina excediéndose, recargando un relato cuyo verdadero interés está precisamente en lo íntimo y lo pequeño. Sus personajes sirven para mostrar las diferentes reacciones y particularidades de la situación, pero las decisiones, con algunos de ellos, son apresuradas y les falta profundidad.
CALA Filmproduktion GmbH / Extreme Emotions / CALA Film Central / Kineo Film
Una película que también es desagradable. Lo es porque la muerte lo es y de eso Krux está empapada, pero también porque, aunque con algunos personajes busca insinuarla y decide quedarse con la reacción del que descubre el cadáver, sí se atreve a enseñar cosas molestas: un cuerpo carbonizado, un corazón arrancado y un mordisco autoimpuesto y doloroso del que brota un río de sangre.
Krux construye una atmósfera lúgubre y tétrica en la que sus personajes pueden transitar la crueldad y el espanto de su relato. Un pueblo de cuento de terror, suspendido entre la vida y la muerte, que, aunque hermoso y perturbador, en ocasiones es demasiado evidente.