Al salir del pase, me he encontrado en el pasillo con el maestro Jordi Sánchez Navarro y le he dicho: «Jordi, esto ha sido increíble, esto ha sido increíble»

Al salir de la proyección de Wildwood, me he encontrado en el pasillo con el maestro Jordi Sánchez Navarro, probablemente la persona que más sabe de cine de animación en España. Le he cogido en caliente y le he dicho: «Jordi, esto ha sido increíble, esto ha sido increíble». Y él me ha respondido con una rotundidad absoluta: «Álex, es la mejor película de animación stop-motion de la historia». ¿Es realmente la mejor película de animación en stop-motion jamás realizada?
Aunque en mi memoria personal guardo un lugar especial para la maravillosa Mad God de Phil Tippett, no tengo dudas de que Wildwood es una de las películas con mayor ambición del cine y la mejor película de todo el Festival de Sitges.
Para entender la magnitud de Wildwood, hay que hablar de su director, Travis Knight, nacido en Oregón en 1973 y actual CEO del estudio Laika. Hay que decirlo todo: Knight es un poco nepo baby, pues su padre es el cofundador de Nike. ¿Os acordáis de la película Air, donde Ben Affleck interpreta al fundador de Nike? Pues ese hombre compró un estudio de animación que reconvirtieron en Laika para empezar a hacer películas artesanales. Pero Travis Knight tiene un talento descomunal. Como animador y cineasta, ha liderado un imperio de la imaginación hecho con un mimo absolutamente brutal. Hablamos de la productora responsable de maravillas como Los mundos de Coraline, Los Boxtrolls, El alucinante mundo de Norman y Kubo y las dos cuerdas mágicas.
Kubo y las dos cuerdas mágicas fue el debut de Knight en la dirección y está en el top de las dos mejores películas del siglo. Sin embargo, aquella obra maestra se dio una torta gigantesca en taquilla. Para conseguir dinero y financiar Laika, Knight tuvo que ponerse al servicio de otros dirigiendo Bumblebee, aquel spin-off simpaticote y ochentero de Transformers, además de asumir He-Man y los Masters del universo. Tras ese trayecto, Knight ha regresado a su casa para dirigir esta absoluta barbaridad llamada Wildwood.
Una odisea en el bosque prohibido con espíritu Ghibli
La película adapta con un mimo espectacular la novela de Colin Meloy. La historia arranca en la ciudad de Portland, Oregón, donde conocemos a la joven Pru. Pese a que sus padres le advierten de que no debe sacar a su hermano pequeño de dos años fuera de casa, ella lo lleva a pasear al parque. En ese momento, una gigantesca bandada de cuervos secuestra al bebé y se lo lleva hacia un bosque prohibido. Pru se adentra junto a su amigo Curtis en ese territorio impenetrable para tratar de rescatarlo. Lo que encuentran dentro es una fantasía medieval fascinante, un microcosmos victoriano habitado por animales parlantes y cruzado por complejos duelos de poder político.
Ver Wildwood te genera un asombro constante mientras alucinas en todo momento. La película tiene referentes claros de la fantasía ochentera al estilo de Dentro del laberinto, pero la estética, la emoción y el espíritu del relato me han recordado constantemente a Studio Ghibli, a Hayao Miyazaki, a La princesa Mononoke y a El viaje de Chihiro. Ese es el nivelazo del que estamos hablando, pero trasladado con precisión milimétrica al stop-motion. El despliegue visual alcanza su cima en una batalla gigantesca. Puedo asegurar que Wildwood contiene una de las mejores batallas jamás vistas en la historia del cine, a un nivel de épica monumental comparable a la Batalla del Abismo de Helm en El Señor de los Anillos: Las dos torres.
Ver a miles de figuras, personas y aves enfrentándose en una lucha encarnizada, sabiendo que todo está dado plano a plano en stop-motion, resulta de una belleza cósmica increíble. Es una película magistral por lo que cuenta y por cómo lo cuenta.