La protagonista de ‘It Follows’ y ‘Longlegs’ otorga su mejor interpretación en el género en esta sangrienta propuesta
Una joven instutriz llamada Winifred Notty llega a la imponente mansión de Ensor House. Aparentemente, se trata de una refinada joven, contratada para educar a los refinados retoños de los Pounds, una acaudalada familia aristocrática. Pero, lamentablemente para los personajes que habitan en ella, no se trata de Mary Poppins: sino de una macabra psicópata con un impulso asesino incontrolable. Bajo la dirección de Zachary Wigon y con guion de la novelista española Virginia Feito -adaptando su propia obra homónima-, Victorian Psycho es una divertida y sangrienta propuesta donde se dan la mano el drama de época, el clásico psicodrama gótico y el ‘slasher’ más gore. Como si el ‘yuppie’ protagonista de American Psycho se trasladara a la Inglaterra victoriana.
La función gira, sin duda, entorno a la interpretación de Maika Monroe. Acostumbrada a encarnar a heroínas perseguidas y atrapadas en atmósferas de pesadilla, la actriz da aquí un giro radical para colocarse al otro lado del filo de la navaja. Aquí da una auténtica lección de contención gestual y descontrol psíquico: una sonrisa rictus cuidadosamente ensayada para simular humanidad, unos ojos helados que escudriñan a sus víctimas y un acento británico impecable que deja entrever pequeños matices populares a medida que su fachada de correcta institutriz se agrieta. Monroe dota al personaje de una rica vida interior, guiada por una voz en ‘off’ que deja sentadas las bases del relato. La actriz logra que el espectador entable una retorcida empatía con la asesina, personificando el abismo que habita en su interior.
Un retorcido cuento de hadas
Bleecker Street
La narrativa se articula mediante una división en capítulos bien delimitados, de modo que la película avanza como una fábula siniestra que explora la acelerada espiral de locura de su protagonista. La estructura contrapone el rigor de las etiquetas victorianas con el caos mental de la institutriz, permitiendo al espectador ser testigono solo los crímenes, sino la constante negociación entre el deseo de aceptación social y la liberación de los impulsos más primarios. Aunque el tramo final sobrecarga ligeramente el ritmo al dejarse llevar por el exceso visual y la reiteración en el clímax, el monólogo interno de Monroe y la fuerza del tono sostienen el interés de principio a fin. El guion de Feito esquiva los convencionalismos del género al renunciar a explicaciones sobre la locura de la institutriz, prefiriendo explorar la psicopatía como una reacción rabiosa e inevitable ante las rigideces de un entorno asfixiante.
Lejos de tomarse a sí misma con solemnidad, la cinta funciona como una comedia negra cargada de ironía y mordacidad social. Los Pounds representan la decadencia y el ridículo de una élite clasista. La relación de Jason Isaacs y Ruth Wilson como los patriarcas de la mansión está muy bien ejecutada, alternando diálogos absurdos con una ranciedad que pone en duda quién es realmente el personaje más perturbado de la casa. A este reparto se suman secundarios que aportan valiosas capas al conjunto: Thomasin McKenzie brinda una entrañable ingenuidad como la sirvienta Miss Lamb, mientras que el joven Jacobi Jupe roba cada una de sus escenas con un desparpajo cómico. Victorian Psycho ridiculiza la hipocresía aristocrática, la marcada brecha de clase y la relegación de la mujer en el siglo XIX.
La ambientación gótica destaca en su diseño de producción, con mansiones sombrías iluminadas a la luz de las velas, tapices salpicados por la figura de jabalíes salvajes y vestuarios de época que pronto quedan manchados por la sangre. Además no falta la ración para los fans del ‘slasher’: sus momentos ‘gore’ se presentan sin contemplaciones con una marcada violencia visceral, -sangrienta y explícita- pero ejecutada con un sentido del ritmo elegante que busca el impacto y sorprender siempre al espectador.